Erguirse

Me encuentro con la poesía de Fermín Herrero gracias a Laura Ferrero (La gente que no existe, editorial Alfaguara) y me impactan sus versos como una ráfaga de viento áspero —y frío— del Cierzo, los vientos (también) tienen nombre. Aprendo escribiendo esta carta que en la llanura de Aubrac llaman Cantalaise a la corriente gélida y violenta que arrastra nieve. A esa misma galerna, cuya vehencia nace en las montañas, en Japón tiene nombre de Diosa triste: Yamaoroshi. En el japonés tradicional hay más de dos mil palabras para designar el nombre de los vientos.

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