Éxito

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Este año no arrancó fácil pero las tormentas tienen su reverso: que cuando esclarecen las calles la luz —esa luz metálica tras la lluvia— ilumina cada pequeño detalle, los portales siguen todavía mojados y reparas en cada porqué. El tempo es diferente tras la tempestad, tus pasos más pausados, la ciudad parece otra pero es la misma: eres tú quien la mira de otra forma. Eres tú quien llena de cadencia (matemática, bellísima) cada silencio tras cada naufragio, nadie más.

Una de las cosas que uno hace (inevitablemente) cuando septiembre asoma el hocico es armarse de querencias, de anchos propósitos y chinchetas en el mapa del deseo. Y está bien que así sea: estamos perdidos y necesitamos faros a los que dirigirnos. El mío (mañana extiendo esto en Claves) es llenar de verano (un poquito aunque sea) cada día de este otoño inevitable; pero antes de trazar esa ruta sobre el mapa de los días me he exigido una consulta: preguntarme qué es eso del éxito. Es que no quiero dar cosas por hecho.

¿Qué es el éxito? Besarnos en los cafés, llorar sin cronómetro, ser más natural: vaciar de debes el cotarro. Una botella de vino frente al mar, viajar más lento, intuir qué le pasa a un amigo tras un mensaje estrecho, aprender a pedir ayuda: eso es el éxito. Qué difícil es pedir ayuda (ayuda sincera, honesta, sin ambages) incluso a la gente que más quieres, ¿verdad? (quizá hasta es más fácil con alguien extraño). Este párrafo en el bellísimo Yo, adicto de Javier Giner: “lo más importante: la regla cardinal de aprender a pedir ayuda. Sin ningún tipo de vergüenza, temor o duda”. Sacar fuera hasta el más pequeño de nuestros miedos, no guardarte nada. “¿Por qué? Porque compartir ese pavor, sacarlo, alejarlo de nuestro interior, lo desmontaba”.

Aprender a ver la belleza en cada ángulo (está ahí esperándote), reír con todo el cuerpo, el sol sobre la piel, una montaña de libros sobre el parqué. Pienso en mi vida, tan pendiente que ando de los andamios, qué pérdida de tiempo: si no podrás contener la tormenta. Dejar el mundo mejor de cómo viniste: eso es haber triunfado. La consciencia como bandera, escuchar el silencio, andar ligero —ser más ligero (vaciar el macuto de propósitos, de tantas expectivas puestas en los demás), recordar siempre no juzgar porque tras cada juicio hay una emboscada. Querer muchísimo. Ser de verdad.