Una cosa tras otra

Observaba por la ventana del tren que nos transportaba desde el aeropuerto de Zúrich hasta Vals, el lago de Walen allá en el horizonte a nuestra izquierda, en medio de montañas interminables. Tenía la intención —lo intento, cada verano— de ir anotando en una libreta del tamaño de una cuartilla las cosas que voy aprendiendo a lo largo de estas semanas sin relojes. Es que siempre he pensado que la versión de nosotros mismos que somos en verano es lo más parecido a lo que realmente somos, ya sin paraqués ni cerrojos.

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