Explicaciones

Esta carta forma parte de la suscripción gratuita a Nada importa. Si te gusta lo que lees (y crees de corazón que merece la pena) quizá decidas dar el salto a la suscripción de pago que incluye Claves para entender, mi reporte dominical donde cabe todo lo que me inspira y me emociona ❤️.

Me gusta dar explicaciones y por eso lo hago cada cierto tiempo, cartas boca arriba y la candela prendiendo la mugre. Ojo, me gusta no quiere decir que disfrute haciéndolo, quiere decir que me gusta la persona que soy al hacerlo (que es una cosa muy diferente) porque hace ya tiempo que no quiero lodo bajo la alfombra. Todo clarito. Pocas ganas de segundas intenciones.

Así que al grano: esta será la última carta íntima (de cada sábado por la mañana) hasta la vuelta al curso escolar, en septiembre. Claves para entender (que envío los domingos) continuará durante estas semanas y tan solo se cogerá agosto de vacaciones —porque aquí el compromiso con la membresía es sagrado. Ya os explicaré allí qué ideas tengo respecto a esa pequeña comunidad sin ruido porque algunas ya están germinando. Qué ilusión cuando algo florece.

Los porqués. Precisamente esta es la carta numero cincuenta (¡cincuenta cartas!) un viaje que arrancó en marzo del año pasado, el mundo se caía a pedazos y yo necesitaba escribir. La primera carta se tituló Tengo miedo (y no pasa nada) y aquí seguimos, acojonaditos pero el corazón en punto. Algunos meses después, precisamente los primeros días de julio, se publicó Nada importa en Círculo de Tiza: y qué de alegrías me está trayendo esta travesía. Me preguntáis mucho qué es lo siguiente pero ya lo intuís. Escribir. Y por eso (también) estas semanas de armar ese segundo viaje.

El segundo porqué casi mejor lo dejo en manos del filósofo Javier Gomá (que conocí en Tramontana, yo moderaba una charla entre Toni Segarra y Quique Dacosta en torno a la belleza) “La máxima es: vive de tal manera que tu muerte sea tremendamente injusta. Solo si tu vida es excelente los demás van a sentir que sea escandalosa tu muerte. Pero si te mueres y no pasa nada, es que ya estabas muerto en vida. La vida de un hombre es la lenta gestación de un ejemplo póstumo”.

Y ya está, que os deseo de corazón un verano incasdescente lleno de consciencia, libros bonitos, tiempo para nada y piel, mucha piel. Rebañar el plato, vivir cortito, ser muy de verdad y arder como arañas entre las estrellas. Nos vemos a la vuelta.