Curarme de ti

Durante algunos años escribí cartas de amor que eran cartas de amor a la valentía de quien no tiene miedo a desnudarse. Entrañas o nada. Ese “temblor en el alambre” que tan bien resume Sostres. Me explico: durante algunos años, bajo el nada ambiguo marco que llamamos Consultorio sentimental, dediqué un porrón de horas en la revista GQ a contestar cartas de desamor de lectores y lectoras enfangadas en esa habitación sin vistas que es un corazón roto. En carne viva, el destierro de todo lo que soñaste, joder qué mal se pasa cuando no te quieren bien.

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