Calderilla

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Esta semana se celebró el séptimo (¡siete años!) aniversario de Círculo de Tiza, esa pequeña editorial “que se abre a los amantes de los buenos libros y la mejor literatura, a la gente que selecciona y tiene criterio, a quienes buscan tesoros, a los inconformistas y los apasionados”. Yo creo que lo estáis bordando, Eva.

Fue una noche especial, es raro (pero bonito) hablar con personas que te acompañan todas las mañanas, porque de alguna manera son familiares. Tú sientes una calidez que probablemente no es real —pero sí es real porque tú la sientes, ¿no? Me pasó un poco con Pedro García Cuartango, sus textos me han acompañado (y me acompañan) muchas de mis mañanas desde hace años: “Comprender es mucho más difícil que juzgar. Sé duro contigo mismo y no critiques a los demás. Ponte en el lugar de los otros. No seas necio y no mires jamás el dedo que te está señalando la luna”. Como la vida es rarísima resulta que el sentimiento era mutuo, así que volví a casa con ese entusiasmo (y esa lucidez) que da saber que estás en el lugar adecuado, en el momento adecuado, con las personas adecuadas. Qué fácil pone Madrid ese sentir.

Volviendo a casa, paseando sin prisa por Recoletos, escuchando un disco que le regalé a Alberto, pensé en ese momento exacto, en su tempo perfecto, armonía matemática, nirvana allende el Retiro, consciencia pegada a la piel: esto es sin duda lo valioso, porque la consciencia suele llegar después de lo vivido, como un laurel o un castigo. Me vino a la memoria otra conversación con un escritor que admiro: la felicidad consiste en saber gestionar la distancia entre lo que anhelas y lo que tienes —si dominas ese músculo verás cada secuencia de esta película de otra manera. La belleza tras el desconcierto, como en aquel That´s life. “Las cosas suceden, sin más. No es justo, ya lo sé. Pero es lo que hay, las cosas pasan. Las buenas y las otras”. Pensé también en cómo los momentos de éxtasis y entusiasmo, en realidad, casi nunca están cosidos al parné. Un libro casi siempre es un regalo (es baratísimo un libro), café caliente, una bolsa de viaje, la camisa remangada, terrazas con bulla, tantas pelis por ver. Mirar el mundo con esperanza, sus ojos en llamas, noches como esta bajo el cielo. Lo demás es calderilla.