Aún aprendo

Semanas de claroscuros, tristezas y segirillas, el palo más triste del flamenco nacido entre Jerez de la Frontera y Triana. No hay ornamento en este palo, tan solo hueso y tormento. Pero la vida no entiende de entreactos así que uno de los mails que recibo esta semana llega como un bálsamo inesperado, una manta de mohair, un mano sobre mi mano

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