Aceptar la derrota

Equinoccio, el único momento del año en el que el día y la noche duran exactamente lo mismo: ni más luz, ni más oscuridad. Eros y Tanatos bailando al son de la hojarasca en la estación más melancólica, una ecuación perfecta como aquel equilibro imposible de la canción de Los Piratas. Si es verdad eso de que la belleza es armonía no hay momento más bello que este, no puede haberlo, quizá por eso dice que un amigo que hay personas que habitan el verano y personas para las que el otoño es una manta calentita, un abrazo lento tras tanta felicidad imperativa. Yo soy de los segundos.

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